Sembrando vida

 

Parte de la explicación a la epidemia de sobrepeso y obesidad en México radica en un problema de malos hábitos personales, pero la principal responsabilidad está en la carencia de un sistema alimentario por parte del Estado.

 

Al dejar el campo abierto a las fuerzas económicas, la agricultura tecnificada de los grandes productores y la industria alimentaria ha alterado la dieta tradicional, causando daños graves a la salud pública y ha llevado a niveles amenazantes la importación de alimentos, sin por ello tampoco abatir el hambre ni la desnutrición.

 

Así, mientras el país necesita producir los alimentos que necesita (de calidad, inocuos y en cantidades suficientes), cada año más de 300 mil campesinos dejan de sembrar y emigran a Estados Unidos.

¿Cuál es el camino a seguir?

 

Para algunos, no hay de otra que seguir importando más alimentos y continuar produciendo cultivos de exportación con ayuda de fertilizantes y plaguicidas químicos, así como dejar que nos sigan inundando los productos chatarra y la comida rápida, sin importar los daños a la salud y al medio ambiente.

 

Para otros, ha llegado la hora de regresar a la comida natural o menos procesada. Hoy se está poniendo de moda es la agricultura orgánica, que no necesariamente es sustentable.

 

Otros apostamos por la agroecología: el cultivo diversificado que imita los procesos naturales para aprovechar la sinergia entre plantas, árboles y animales, y hacer un uso óptimo de los nutrientes, el espacio y los recursos. Esto lo sabían muy bien los antiguos mexicanos y eso los llevó a crear uno de los sistemas agrícolas más productivos y sustentables del mundo: la milpa.

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Todos tenemos derecho a comer sano