La agricultura tecnificada de los grandes productores y la industria alimentaria han alterado la dieta tradicional, causando daños graves a la salud pública. Además, la importación de alimentos ha llegado a niveles amenazantes, sin por ello abatir el hambre ni la desnutrición.

 

¿Qué camino seguir?

 

¿Seguir importando más alimentos y continuar produciendo cultivos de exportación con ayuda de fertilizantes y plaguicidas químicos? ¿Continuar inundados de productos chatarra y de comida rápida, sin importar los daños a la salud y al medio ambiente?

 

No, ha llegado la hora de regresar a la comida natural o menos procesada. A la agricultura orgánica o, mejor aún, a la agroecología: el cultivo diversificado que imita los procesos naturales para aprovechar la sinergia entre plantas, árboles y animales, y hacer un uso óptimo de los nutrientes y los recursos.

 

Esto lo sabían bien los antiguos mexicanos, creadores de uno de los sistemas agrícolas más productivos y sustentables del mundo: la milpa,.

 

La milpa es un conjunto de conocimientos, prácticas y expresiones culturales que representan una estrategia de sobrevivencia de las culturas originarias de México para producir alimentos, ingresos y empleos, mantener la cohesión comunitaria y la paz social, además de ofrecernos aire puro, agua limpia, suelo fértil, diversidad biológica. Y como modelo de cultivo diversificado es un modo de vivir que significa reconocer la diversidad.

 

Es hora de revalorar a la milpa y darla a conocer a las nuevas generaciones como uno de los más valiosos patrimonios que poseemos.

Haciendo milpa

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Todos tenemos derecho a comer sano