Casi todos podemos tener un huerto en nuestra vivienda a la medida de nuestras posibilidades, aun en las grandes ciudades.

 

El huerto nació en México como complemento de la milpa en el terreno junto a la casa que los nahuas llamaban calmil, para producir alimentos que acompañan a los platillos preparados a base de maíz.

 

A partir de los años setenta ha aumentado el interés en el huerto casero, sobre todo promovido por organizaciones civiles, por el auge de la agricultura orgánica y agroecológica y el deseo de comer más sano y natural.

 

Hoy existen numerosos huertos que producen siguiendo el principio de la diversidad de la milpa, al combinar diferentes especies de animales y vegetales, así como diversos árboles, arbustos y plantas.

 

Pese a su importancia para las comunidades pobres, no existe un proyecto institucional a gran escala para ofrecerles apoyos como los que se plantea el Año Internacional de la Agricultura Familiar en 2014.

 

Un huerto casero puede no sólo contribuir a tener una mejor alimentación y combatir el hambre, sino ser una fuente de ingresos a través de la venta de los excedentes, disminuyendo así la pobreza.

 

Nosotros pasamos de un pequeñísimo huerto familiar, con algunas plantas aromáticas y unos cuantos árboles frutales, a un huerto colectivo y un invernadero con riego por goteo. Se trata de un proyecto comunitario con señoras de escasos recursos, muchas de la tercera edad, del pueblo de Santa María Nativitas, en Calimaya, Estado de México. Están cosechan vida.

Cosechar vida

Todos tenemos derecho a comer sano

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